El Papa del cambio

Por: Piedad Córdoba

En estos tiempos, se abusa demasiado del calificativo de “histórico” para hacer referencia a cualquier acontecimiento. Sin embargo, me atrevo a señalar que la visita de Su Santidad el Papa Francisco a Colombia ha sido histórica. Y ello por dos motivos: el momento en el que ha tenido lugar y el mensaje claro y rotundo que el Santo Padre ha dejado.

Fotografía tomada del periódico La Nación

En efecto, el Papa Francisco vino a nuestro país en una época de encrucijadas. Los Acuerdos de Paz suponen una oportunidad única para una Colombia castigada por décadas de guerra, violencia, injusticia y desigualdad. Pocos creían que fuera posible llegar al punto en el que estamos hoy, con unas FARC reconvertidas en partido político y un ELN que ha declarado el cese de su actividad armada. Recuerdo bien la soledad en la que nos encontrábamos quienes apostamos por la Paz desde primera hora y el precio que tuvimos que pagar. En mi caso, el secuestro, la amargura del exilio para mi familia y para mí y una estigmatización y criminalización que aún continúan por parte de un sector político y mediático.

Por eso nos reconfortó tanto el apoyo sin fisuras del Papa al proceso de Paz y su advertencia contra aquellos que siguen empeñados en propagar el odio y sembrar la discordia entre el pueblo colombiano. “Reconciliación”, fue la palabra clave que pronunció una y otra vez, en especial en el acto de Villavicencio, protagonizado por las víctimas del conflicto. Escuchando a estas personas, no podía dejar de pensar en mi propia condición de víctima, reconocida por la Fiscalía General de la Nación, la Corte Suprema de Justicia y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “Reconciliación”, por tanto, es una exigencia que también me atañe.

También recordé la pregunta que tantas veces me han hecho. ¿Merecieron la pena tantas penalidades, en especial las que sufrió -y sufre aún- mi familia? La respuesta sigue siendo sí. Lo volvería a hacer una y mil veces. Jamás me arrepentiré de mi labor de mediadora que permitió la liberación de muchas personas cautivas que pudieron volver con sus familias y rehacer sus vidas.

Su Santidad el Papa Francisco fue enormemente taxativo al señalar que no habrá una Paz estable y duradera si no se avanza en la dirección “del bien común, de la equidad, de la justicia”. Es más, interpeló directamente a la élite política: “Se necesitan leyes justas que puedan resolver las causas estructurales de la pobreza que generan exclusión y violencia”. Pidió, en definitiva, un cambio, consciente de que la Paz no es un lugar de llegada sino un punto de partida.

Comparto plenamente esa visión. Llevo ya tiempo hablando de una nueva época que llega para Colombia y que viene a enterrar a la vieja política que tanto sufrimiento ha ocasionado. Por primera vez en décadas, la esperanza anida en el pueblo colombiano. Las mayorías sociales le están diciendo “basta” a las minorías corruptas que utilizan los instituciones para su propio beneficio. Yo quiero participar de ese cambio junto con la gente y por eso postulo mi candidatura a las elecciones presidenciales de 2018. Es una oportunidad histórica. Es un momento único. Las palabras del Papa nos recuerdan que sí se puede, que juntos y juntas por Colombia, podemos lograrlo.

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